En EMA Group compartimos una nueva entrega de En Clave PyME, el newsletter de nuestro socio y CFO Fractional, Fabián Canoni. En esta Edición Especial, una guía para el dueño que algún día va a vender (o dejar) su empresa: los pasos, en orden, para no llegar a la mesa a las apuradas. Si todavía no lo seguís, podés suscribirte a En Clave PyME en LinkedIn y recibir cada edición en tu correo.
Hay un momento que, tarde o temprano, aparece en la cabeza de muchos dueños.
Construiste la empresa durante diez, quince, veinte años (o más). Pasaste crisis, muchas. Contrataste gente, y también tuviste la difícil tarea de echar gente. Perdiste clientes, ganaste otros. La hiciste crecer y, casi sin darte cuenta, una parte enorme de tu patrimonio (y de tu vida) quedó concentrada ahí adentro. Hasta que un día empezás a pensarlo en serio: capaz llegó el momento de vender.
A veces el disparador viene de afuera. Un competidor que te llama, un fondo que manda un mail, alguien que quiere entrar a tu mercado y te ve como un excelente atajo. Otras veces no pasa nada de eso: simplemente sentís que cumpliste un ciclo, querés diversificar, arrancar otra cosa o sacarte parte del riesgo de encima. Y ahí aparece la pregunta lógica: ¿cómo se vende una empresa?
Vender una empresa no es encontrar a alguien dispuesto a comprarla. Es construir un proceso. El que confunde las dos cosas suele vender mal, o no vender.
De esa pregunta que tantos dueños de PyME se hacen en algún momento surgió esta guía: un paso a paso de lo que considero importante a la hora de construir ese proceso. No para que la vendas de un día para el otro, sino para que entiendas el terreno antes de pisarlo.
1. Antes del precio, entendé qué querés
Esta pregunta no está al comienzo de manera caprichosa. Es el para qué, y responderla bien puede ser la diferencia entre una buena decisión y una tomada a las apuradas.
La primera conversación que tengo con un dueño que piensa en vender casi nunca arranca por los números. Arranca por entender qué quiere, porque “quiero vender” puede significar cosas muy distintas según la persona y la etapa de su vida. Podés querer vender el 100% y dedicarte a otra cosa. Podés vender una parte y seguir manejándola. Podés hacer una venta parcial porque tenés casi todo tu patrimonio metido en la empresa y querés bajar ese riesgo. Podés sumar un socio que ponga capital para crecer más rápido. O podés venderle a un jugador más grande, quedarte unos años y subirte a algo de otra escala.
Y está la pregunta que más cuesta responder: ¿qué vas a hacer vos el día después de vender? No es un detalle. El dueño y la empresa suelen estar mucho más mezclados de lo que muestran los balances. Si la empresa no funciona sin vos, eso no es solo un problema de sucesión: es un problema de precio. Recién cuando tenés clara esta parte tiene sentido empezar a hablar de cuánto puede valer.
2. “¿Cuánto vale mi empresa?” Depende de quién la compra
Es una de las preguntas que más escucho. Y mi respuesta empieza con algo poco satisfactorio: depende. Existen métricas y metodologías para valuar una empresa: facturación, rentabilidad, cuánto crece, los márgenes, qué tan concentrada está en pocos clientes, cuánto de esos ingresos son recurrentes. Con eso se arma un rango. Pero una empresa no tiene un único valor: tiene un valor distinto según quién esté del otro lado de la mesa.
Para un comprador financiero (un fondo) tu empresa genera determinada ganancia y merece determinado múltiplo. Te mira casi como una inversión. Para un comprador estratégico (un competidor, o alguien que quiere entrar a tu mercado) la cosa cambia: no está mirando solo tu rentabilidad, está mirando cuánto valés adentro de él. Comprarte puede significar quedarse de golpe con tu cartera de clientes, tu equipo, tu know-how local, tu marca, años de ejecución que no quiere hacer desde cero. Ahí es donde aparecen las verdaderas diferencias de precio.
La pregunta no es “cuánto vale”. Es “cuánto vale, y para quién”.
3. Ordená la casa antes de que la ordene el comprador
Este es uno de los errores que veo más seguido. Aparece un interesado y recién ahí empieza la corrida: ¿dónde está el contrato con ese cliente clave? ¿La marca está registrada y a nombre de quién? ¿Ese que trabaja hace años es empleado o factura? ¿Quién tiene las acciones? Mientras el negocio funciona, muchas de estas cosas conviven años sin molestar. En una revisión a fondo aparecen todas juntas, el mismo día.
La idea no es maquillar la empresa ni esconder nada. Es exactamente lo contrario: encontrar los problemas vos, antes de que los encuentre el comprador. Ordenar sociedades, contratos, empleados, marca, la propiedad de la empresa y los números. Cuando alguien finalmente abra los cajones, lo ideal es que estén ordenados. Un problema que vos ya resolviste es un problema menos para discutir el precio.
4. Entendé de verdad tus números
Dentro de esa preparación hay algo que casi siempre se subestima: entender la calidad real de tus números. En muchas PyMEs el balance no cuenta exactamente la historia económica del negocio. Hay gastos que son del dueño y no de la empresa (el auto, honorarios, gastos personales que pasan por ahí). Hay ingresos que fueron por única vez. Hay costos que desaparecerían con otro dueño. La ganancia que figura en los papeles y la ganancia real y repetible del negocio pueden ser dos números bastante distintos.
El comprador va a hacer ese ejercicio sí o sí. La pregunta es si lo hacés vos antes, o esperás a que te lo expliquen ellos. Y conviene hacerlo antes, porque el apalancamiento es enorme: si estás negociando sobre una ganancia anual y el comprador logra convencerte de que esa ganancia en realidad era un poco menor, esa diferencia no se descuenta una vez. Se descuenta multiplicada por el múltiplo de toda la operación. Una discusión que parece contable, de golpe, es la discusión central del precio.
5. No necesitás un comprador. Necesitás varios mirando a la vez
Si mañana alguien toca tu puerta y te ofrece comprarte, puede ser una gran noticia. Pero tenés un problema: con un solo comprador es imposible saber si esa oferta es la mejor que podías conseguir, o apenas la primera. Siempre que se pueda, conviene construir un proceso donde varios interesados estén mirando la empresa más o menos al mismo tiempo. No es solo por precio: es para no negociar a ciegas.
Porque el precio del titular es apenas una parte del acuerdo. Una oferta más alta no siempre es mejor: puede tener una parte grande pagada hoy y otra sujeta a que la empresa cumpla objetivos durante los próximos años (algo que puede terminar siendo difícil de cobrar). Una te puede obligar a quedarte cinco años; otra, doce meses. Una te paga todo en efectivo; otra, parte con otra cosa. Dos ofertas por el mismo número pueden ser, en los hechos, dos operaciones completamente distintas.
Y acá también hay que aprender a leer al que tenés enfrente. No todos los interesados son compradores: algunos están haciendo inteligencia sobre tu negocio, otros quieren tener la opción abierta por si acaso. Mirá la seriedad, quién viene a las reuniones, si tienen la plata o el acceso real al financiamiento, si antes compraron otras empresas, y si te cambian las condiciones a medida que avanzan. Esa lectura te ahorra meses de trabajo y muchas frustraciones.
6. La oferta no es el cierre
Después de semanas o meses llega algo que genera mucha adrenalina: una oferta concreta, por escrito. Es muy fácil sentir que ya vendiste. No vendiste. Todavía falta una de las partes más intensas: la revisión a fondo. Van a mirar contratos, clientes, impuestos, lo laboral, las contingencias, todo. Cada cosa que aparezca puede transformarse en una discusión sobre el precio o las condiciones.
Hay un momento delicado: cuando firmás esa primera oferta y le das exclusividad a un comprador, él sabe que durante un tiempo no podés hablar con nadie más. Parte de la fuerza que construiste durante el proceso se te escapa. Por eso las discusiones importantes conviene darlas antes de firmar exclusividad, cuando todavía hay otros alrededor de la mesa.
Y para toda esta etapa necesitás un equipo que la mayoría de las PyMEs no tiene puertas adentro: alguien que defienda los números, abogados que entiendan de este tipo de operaciones y asesores impositivos que la estructuren bien. Una estructura impositiva mal pensada en una venta importante puede costar muchísimo más que todos los honorarios profesionales juntos. Esta no es una pelea para improvisar.
7. Si pensás vender en tres años, empezá hoy
Esta es, para mí, la idea más importante de todas: no esperes a tener una oferta sobre la mesa para empezar a preparar la empresa. Si creés que existe una posibilidad razonable de vender en los próximos años, arrancá ahora. Ordená las sociedades y los contratos. Profesionalizá los números. Documentá lo que hace valiosa a la empresa. Bajá la dependencia de un puñado de clientes grandes. Armá un equipo que pueda manejar el día a día sin vos. Mejorá los márgenes. Resolvé las contingencias que venís pateando.
Prepararte para vender es, básicamente, lo mismo que prepararte para que la empresa te sobreviva.
Da igual si el día de mañana se la vendés a un tercero o se la dejás a tus hijos: en los dos casos el trabajo es el mismo. Que la empresa valga por lo que es, y no por quién la maneja. Que funcione sin vos. Vender la empresa que construiste durante quince o veinte años (o más) probablemente sea una de las decisiones económicas más importantes de tu vida. Capaz la tomes una sola vez. Vale la pena prepararla y hacerla bien.
Si hoy te hicieran una oferta por tu empresa, ¿estarías vendiendo lo que vale, o lo que pudiste ordenar a las apuradas?
En EMA Group acompañamos a dueños de PyMEs y empresas familiares a tomar estas decisiones con información y criterio: desde la planificación financiera del día a día hasta la preparación de la empresa para una venta o un traspaso. Si estás pensando en ordenar la casa, hablemos antes de que toquen la puerta. Conocé cómo trabajamos en somosemagroup.com.
Este contenido es soporte técnico interno con fines de divulgación. No constituye asesoramiento legal, impositivo ni contable para un caso particular; la evaluación de cada operación y la firma profesional corresponden al equipo matriculado de EMA Group Consultores.