Desde hace varios meses, hay una noticia que no deja de estar en todos los medios: el aumento en el índice de morosidad de las familias.
¿𝗣𝗼𝗿 𝗾𝘂𝗲́ 𝗲𝘀𝘁𝗮 𝘀𝗶𝘁𝘂𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲𝗯𝗲𝗿𝗶́𝗮 𝗽𝗿𝗲𝗼𝗰𝘂𝗽𝗮𝗿𝗻𝗼𝘀 𝗮 𝘁𝗼𝗱𝗼𝘀?
Hace unos días, Bausili dejo dos frases al respecto, las cuales vale la pena analizar con más profundidad.
➡️ “Deberá ser un proceso de aprendizaje de los bancos, que volvieron a dar crédito.”
➡️ “No nos vamos a hacer cargo del dinero de la sociedad. No habrá subsidios del Gobierno al sector privado por haber incurrido en esas pérdidas.”
Ambas posturas tienen lógica desde la óptica del sistema financiero. Pero hay algo que ese encuadre no termina de ver.
𝗟𝗼𝘀 𝗱𝗮𝘁𝗼𝘀 𝗽𝗿𝗶𝗺𝗲𝗿𝗼.
Circulan distintas cifras, pero, de acuerdo con informes del sector y según cálculos de la consultora 1816, la irregularidad en la financiación con tarjetas de crédito a familias llegó al 11%, lo que representa el mayor nivel desde la crisis de 2001-2002. En tanto, en el sector no bancario las cifras rondan el 25%, y el impacto más fuerte se da en muchos jóvenes y jubilados (Iprofesional).
𝗟𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗻𝘂́𝗺𝗲𝗿𝗼𝘀 𝗻𝗼 𝗱𝗶𝗰𝗲𝗻 𝗽𝗲𝗿𝗼 𝗲𝘀 𝗶𝗺𝗽𝗼𝗿𝘁𝗮𝗻𝘁𝗲 𝗻𝗼𝗺𝗯𝗿𝗮𝗿.
No todas las familias en mora tomaron crédito para “tomar ventaja”, como sugirió Bausili al pedir que los bancos mejoren su administración con ese perfil de cliente. Muchas familias, lamentablemente, tuvieron que endeudarse para solventar gastos corrientes.
¿Qué otra cosa tenemos que mirar? El costo real del financiamiento. El Régimen de Transparencia del BCRA (la información que los propios bancos están obligados a publicar) muestra que el Costo Financiero Total de un préstamo personal en la banca privada oscila entre el 212% y el 250% anual. En billeteras digitales y fintechs puede llegar al 390%.
Puesto en contexto: la inflación acumulada en el primer cuatrimestre fue del 12,3% y la interanual del 32,4%, según el INDEC.
La brecha entre lo que cuesta financiarse y lo que sube el costo de vida es, en el mejor de los casos, de 6 a 1. En el peor, de más de 10 a 1.
Tomar deuda en esas condiciones para cubrir consumo básico no es un problema de actitud financiera. Es una trampa estructural y los datos de mora son, en parte, su consecuencia directa, no su causa.
𝗘𝗹 𝗶𝗺𝗽𝗮𝗰𝘁𝗼 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗰𝗮𝗱𝗲𝗻𝗮 𝗣𝘆𝗠𝗘.
Acá es donde el análisis se conecta con el día a día del empresario.
Una familia sobre-endeudada reduce su consumo. Menos consumo es menos venta para el comercio, para el proveedor, para el fabricante. La mora de las familias no es solo un problema del sistema financiero — es una señal adelantada de contracción de demanda que ya está impactando en las ventas del sector.
La cadena es directa: familia endeudada → menor capacidad de consumo → menos ventas PyME → más presión sobre el empleo → más familias en dificultades.
Lo que falta en la conversación.
El enfoque del BCRA es correcto en un punto: el Estado no puede absorber todas las pérdidas privadas indefinidamente. Eso tiene límites reales.
Pero con la mora de familias en niveles que no se veían desde hace dos décadas, y con un costo de financiamiento que multiplica varias veces la inflación, reducir el diagnóstico a “aprendizaje de los bancos” es insuficiente.
Lo que hace falta es una conversación más amplia (entre el sector público, el sistema financiero y las familias) sobre cómo se reconstruye la capacidad de pago sin destruir el consumo que sostiene a las PyMEs.
No es un problema de quién tiene razón. Es un problema que, si no se aborda de manera colaborativa, le va a costar más caro a todos.
¿Cómo lo estás viendo desde tu empresa?
Fuentes: Informe sobre Bancos enero 2026 y marzo 2025 · BCRA (bcra.gob.ar) · IPC abril 2026 · INDEC (indec.gob.ar) · Régimen de Transparencia BCRA · Banco Ciudad · BBVA
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