En los últimos meses, distintos sectores industriales de Argentina vienen alertando sobre un fenómeno que no es nuevo, pero que hoy se ha acelerado con fuerza: la caída de la demanda interna, producto del fuerte incremento de las importaciones. Esto está afectando no solo a la industria textil e indumentaria, sino también a rubros como la metalúrgica, el calzado, la línea blanca, entre otros.
La preocupación es real y tangible: hay empresas que han paralizado líneas de producción, suspendido personal o directamente están analizando su continuidad operativa. No es solo una cuestión de competitividad. Es también una cuestión de tiempo, previsibilidad y condiciones estructurales.
¿Por qué ahora?
El fenómeno se explica por una combinación de factores:
- Una fuerte apreciación cambiaria, que abarata lo importado.
- La desregulación del comercio exterior.
- La búsqueda del Gobierno de reducir el costo de vida mediante la importación de productos más baratos.
- Y la falta de herramientas y tiempo de las empresas locales para adaptarse a este nuevo escenario.
Todo esto ocurre en un país con ciclos pendulares: pasamos de etapas de cerrojo comercial a esquemas de apertura total, sin transición ni planificación. Esta falta de gradualismo no solo castiga la productividad, sino que erosiona el tejido industrial nacional, especialmente el PyME.
El caso textil: una industria en jaque.
La industria textil y de indumentaria es una de las más afectadas. Según un reciente artículo de El Economista, los niveles de actividad del sector están en mínimos históricos. Empresarios del rubro aseguran que “es peor que la pandemia”.
No es sólo el precio lo que hace que las prendas importadas ganen terreno. Es también la presentación, la variedad, la logística y la marca. Pero si hablamos de precios, los datos son elocuentes:
- Según un informe de la Fundación ProTejer (2023), una remera básica fabricada en Bangladesh o Vietnam cuesta entre USD 1,50 y 2,00 FOB, mientras que en Argentina ese mismo producto puede rondar los USD 5 a 7, considerando costos laborales, impositivos y logísticos.
Por otra parte, también es una realidad que la industria textil local no aprovechó al máximo los años de protección para invertir masivamente en tecnología, procesos, diseño o eficiencia. Muchos jugadores se mantuvieron en estructuras obsoletas, sin una estrategia clara de reconversión.
Y esto, indefectiblemente, es una autocrítica necesaria para todas las Industrias.
La metalurgia también en alerta.
Otra industria que hoy está sufriendo el impacto directo del “boom importador” es la metalúrgica. Según datos recientes de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), el sector experimentó una caída interanual del 19% en la producción.
Las empresas metalúrgicas, proveedoras clave para sectores como la construcción, la maquinaria agrícola, la energía y el transporte, están viendo cómo sus productos son desplazados por piezas importadas, muchas veces provenientes de Brasil o China, con precios difíciles de igualar.
A esto se suma la falta de financiamiento, la caída de la obra pública y privada, y una fuerte incertidumbre sobre la política industrial a seguir. Como resultado, la capacidad instalada ociosa supera en muchos casos el 40%. Y detrás de cada punto porcentual, hay empleos en riesgo, proveedores en cadena y proyectos que se frenan.
¿Se podía hacer diferente?
En lo personal, creo que sí.
La apertura comercial no es negativa per se. De hecho, puede ser una palanca para ganar eficiencia y fomentar la competitividad. El problema es cómo se implementa.
Una estrategia de transición gradual y previsible habría permitido que las PyMEs:
- Redefinan su estructura de costos.
- Apuesten a inversión en tecnología.
- Se preparen para nuevos estándares de calidad.
- Busquen asociaciones estratégicas.
Hoy, en cambio, muchas se sienten sorprendidas y desprotegidas.
Competir con una mochila de plomo.
Pero hay otro lado de la moneda: no se puede hablar de competitividad sin poner sobre la mesa los altísimos costos fiscales y laborales que enfrentan las PyMEs argentinas.
- Presión impositiva cercana al 50%.
- Costos laborales no salariales (cargas sociales, ART, sindicalización).
- Procesos burocráticos lentos e ineficientes.
Y si esto fuera poco, se le suma un sistema financiero ausente para el desarrollo productivo. Mientras en otros países hay créditos a tasas subsidiadas, con plazos razonables y acompañamiento técnico, en Argentina el financiamiento productivo es escaso, caro o inexistente.
La responsabilidad también es empresaria.
Como sector, también debemos asumir parte del problema. Muchos empresarios PyMEs no planifican a largo plazo, no invierten en gestión profesional, y no revisan su propuesta de valor.
En una economía volátil, es lógico actuar con prudencia. Pero la parálisis no es una estrategia. Y mucho menos en contextos de disrupción tecnológica y apertura de mercados.
Hoy más que nunca necesitamos empresarios que:
- Lideren procesos de transformación.
- Se capaciten.
- Incorporen herramientas de planificación financiera y comercial.
- Usen datos reales para tomar decisiones.
Un entorno que cambia todo el tiempo.
Otro factor que golpea es la inestabilidad regulatoria. Las reglas del juego cambian con cada administración. Lo que ayer era incentivo, hoy es castigo. Lo que antes se promovía, hoy se desmantela.
Este contexto de incertidumbre desincentiva la inversión, desalienta la innovación y empuja a muchas empresas a operar en modo “supervivencia”.
¿Qué se puede hacer?
No alcanza con quejarnos. Tampoco con resistir. Es momento de repensar modelos de negocio, estrategias comerciales y alianzas.
Algunas medidas necesarias:
- Estabilidad macroeconómica y reglas previsibles.
- Políticas de transición que acompañen a sectores sensibles.
- Créditos productivos accesibles.
- Programas de mejora de productividad PyME.
- Incentivos a la inversión en tecnología y eficiencia.
- Promoción de consorcios de exportación PyME.
El costo oculto: el empleo en riesgo.
Detrás de cada taller que cierra, de cada línea de producción que se frena o de cada decisión de suspender turnos, hay personas que pierden su fuente de ingreso, sus proyectos y, muchas veces, su identidad profesional.
El impacto sobre el empleo PyME es profundo:
- La industria textil ha registrado una caída interanual superior al 20% en puestos formales.
- En el sector metalúrgico, las suspensiones y la reducción de horas ya son una realidad en muchas empresas del interior.
- En general, las PyMEs industriales concentran más del 60% del empleo formal privado del país. Su fragilidad es, por ende, una amenaza directa al tejido socioeconómico argentino.
Y lo más preocupante: muchos de esos trabajadores tienen oficios altamente específicos y difícilmente transferibles a otras industrias si no hay una política activa de reconversión.
¿Cómo mitigar el impacto?
No todo está perdido. La apertura comercial puede ser una oportunidad si se acompaña con herramientas concretas para sostener la empleabilidad y reconvertir capacidades.
Ahí es donde entran en juego dos conceptos clave:
- Upskilling: capacitar al personal actual para que pueda asumir tareas más complejas, relacionadas con nuevas tecnologías, procesos de calidad, automatización, etc.
- Reskilling: reconvertir perfiles hacia nuevas funciones o sectores que sí están creciendo, como logística, servicios digitales, tecnología o energías renovables.
Pero esto no puede quedar solo en manos de las empresas. Se requiere una estrategia de país, con programas articulados entre Estado, sector privado y sistema educativo. En definitiva, se requieren políticas de estado con un impacto profundo.
Algunas iniciativas que podrían implementarse:
- Créditos fiscales o subsidios para formación en empresas.
- Certificación de competencias laborales junto a universidades o cámaras sectoriales.
- Programas de transición laboral para sectores en reconversión.
- Promoción del trabajo remoto y la economía del conocimiento como alternativas reales.
📌 Ideas clave para reflexionar.
- 📉 La caída de la demanda por apertura comercial ya afecta seriamente a varias industrias PyME.
- 🧵 La industria textil no pudo o no supo adaptarse en los años de protección y hoy sufre las consecuencias.
- 🔧 La metalurgia también atraviesa una crisis profunda, con caída de producción y capacidad ociosa.
- 💸 Competir sin crédito, con alta carga fiscal y sin planificación es muy difícil.
- 🧠 La transformación debe ser conjunta: políticas públicas, empresarios y profesionales.
- 🚀 La salida no es cerrarse, sino reformular el modelo PyME argentino con más visión y herramientas.
- 🧵 La apertura sin transición está generando una crisis de empleo en sectores industriales clave.
- 🧑🏭 Muchos puestos de trabajo PyME están hoy en riesgo: la reconversión no es opcional, es urgente.
- 📚 Upskilling y reskilling son herramientas estratégicas para sostener la empleabilidad.
- 🧠 No alcanza con bajar costos: necesitamos talento adaptado a nuevos modelos productivos.
- 🤝 Se requiere una política articulada entre Gobierno, empresas, sindicatos y el sistema educativo.
- 🚀 Las PyMEs que inviertan hoy en talento y tecnología tendrán mañana una ventaja competitiva real.
- Socio y CFO de EMA Group Consultores.
- Licenciado en Administración.
- Coach Ontológico.
- Especialista en PyME’s.